Mucho se ha escrito en términos históricos de la terrible figura de Adolfo Hitler, líder del tercer Reich. Sin embargo, la parte formalmente histórica, la que nos habla de hechos, fechas y nos ofrece un relato meramente descriptivo de lo que ocurrió cuando el nazismo era tema de relevancia mundial no es suficiente. ¿Acaso la primera pregunta que salta a la vista y que posee un significado ocultista no es precisamente el origen del emblema que fue el símbolo del nazismo? La, en muchos textos, llamada infame Svastika, fue y sigue siendo un símbolo temido y aborrecido por muchos a lo largo y ancho del globo... y así debería ser. El primer pensamiento que la persona común tiene cuando ve una svástica es NAZIS. Sin embargo, el símbolo de la svastica se remota a antigüos... muy antigüos tiempos. Y en el camino al descubrimiento del origen de la svastica(swastica, svastika) veremos que su significado y poder místico y mágico fueron las razones por las cuáles los nazis la adoptaron como emblema de su partido y de la ideología expansionista y razista que predicaban. Dejar claro en este punto, que la svástica de los nazis, la svástica sinistrógira, representa al éxito súbito seguido de la destrucción, mientras que la svástica dextrógira, es decir la svástica en sentido inverso, atrae a la espiritualidad y la iluminación interior. ESTO NO ES UNA APOLOGÍA DE LA SVÁSTICA SINISTRÓGIRA.
La svástica, temida y repudiada por el mundo occidental, tiene amplios significados, muy diferentes al que nos pudieramos imaginar. Comenzando por la distinción entre svástica dextrógira (que gira a la derecha) y la svástica sinistrógira (que gira a la izquierda). Aunque no hay que cometer el error de abrazar la svástica sinistrógira.
Para los enemigos del régimen nazi, la svástica se convirtió en el símbolo del mal y para las víctimas, en el símbolo del terror.
martes, 14 de abril de 2009
La propaganda nazi
La crisis del liberalismo y el comienzo de la Primera Guerra Mundial, permitieron a Elie Halévy hablar del advenimiento de una era de los tiranos.
Tres años después, en 1917, el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia sentaba las bases de un Estado totalitario socialista. Para ello había sido preciso, no sólo el legado de Marx y la capacidad organizadora de Lenin, sino, además, la aplicación sistemática y coordinada de técnicas psicológicas a los medios de expresión, con el objeto de guiar la actitud y el comportamiento de las masas: había nacido la propaganda moderna.
Mientras, en la guerra europea, se aplicaba con éxito la "nueva arma". El dominio anglosajón en el terreno de la información fue decisivo a la hora de medir los resultados. Lo que quedó como "la organización del entusiasmo", produjo la destrucción psicológica del adversario y mantuvo a salvo la propia fe en el triunfo. Se imponía, así, la razón británica sobre la moral "destructora" de las potencias centrales.
Ambos ejemplos -leninista y británico- pasaron a la historia como modelos de propaganda totalitaria y de guerra respectivamente; no es, pues, extraño que quien aspiraba a tener el poder total y estaba dispuesto a saldar pasados agravios con una nueva guerra, debía conocer profundamente las técnicas propagandísticas más eficaces.
Adolf Hitler había mostrado un gran interés por la propaganda y admiraba los modelos citados. En su obra Mein Kampf declara su entusiasmo por la propaganda de guerra aliada frente a la alemana, "deficiente en la forma, psicológicamente errada en su carácter". Igual que las organizaciones de izquierda, en cuyas manos la propaganda era un instrumento que "dominaban y empleaban con maestría".
Toda la vida de Hitler fue un esfuerzo constante por superar esos modelos; por imponerse, por convencer a los demás. Sabía que los ejércitos solos no eran suficientes y pretendió movilizar al "gran ejército de la Opinión Pública".
Los primeros años, los de la lucha por el poder y la conquista del Estado, fueron los más difíciles. Entre 1920 y 1933 el partido nacionalsocialista, de ser un grupo de fanáticos descontentos, se convirtió en la primera fuerza política de Alemania, con 17 millones de votos. Durante esos trece años, la "propaganda -dijo Goebbels- fue nuestra arma más afilada": la svástica; el Volkischer Beobachter; las S. A.; el asalto de Munich; Mein Kampf, el doctor Goebbels; tumultos, desfiles, arengas inflamadas, banderas, eslóganes, carteles: violencia. "La propaganda nazi -se dijo- era una obsesión, una tiranía".
Tras las elecciones de 1928, en las que el NSDAP obtiene ochocientos mil votos y doce diputados, Goebbels pasa a dirigir toda la propaganda del partido. El milagro no se hace esperar; en 1930 se consiguen seis millones y medio de votos, que suponen 107 representantes en el Reichstag.
"Este partido -escribiría Carlos Radek-, que carece de historia, ha surgido como un islote que emergiera de golpe en plena mar por el efecto de las fuerzas volcánicas".
"Hitler será presidente", rezaba un famoso eslogan antes de que el mariscal Von Hindenburg fuese reelegido jefe de Estado en abril de 1932 y frenara, momentáneamente, las aspiraciones del Führer.
"Hitler será presidente igual", declaraba otro lema no menos popular surgido tras las elecciones.
La agitación y el exceso habían llegado a su punto más alto. Todos los días se celebraban centenares de mítines: en Berlín, veinte o treinta a la vez. Hitler y Goebbels intervenían en varios de ellos cada noche. El Führer recorría Alemania en avión como muestra de su omnipotencia. Goebbels constantemente hablaba por la radio o los altavoces.
Las paredes se llenaban de carteles y el suelo de hojas volantes. Las concentraciones de miles de seguidores eran normales. Además, entre 1930 y 1932, el número de publicaciones sostenidas por el movimiento nacionalsocialista pasó de seis a 121, con una tirada global de más de un millón de ejemplares.
El 31 de julio de 1932, el partido duplica los votos y consigue 230 diputados. Lo que se definió como la conquista del Estado por la "conquista de los espíritus y de las almas", era una realidad.
El 30 de enero de 1933, Adolfo Hitler, apoyado ya en 17 millones de votos, era nombrado Canciller del Reich. Una nueva y trascendental etapa comenzaba para la historia del nazismo: la de su consolidación y conservación.
El ideal de Estado totalitario requería la centralización del aparato propagandístico y la eliminación del adversario. Se comenzó por lo segundo.
Por un decreto de 4 de febrero, la policía podía secuestrar o destruir todo impreso considerado peligroso para el orden público. Así, hasta el 28 de febrero, en que con el pretexto del incendio del Reichstag desapareció la libertad de prensa, fueron suprimidos 71 periódicos socialistas y 60 comunistas, y se encarceló a sus responsables.
En los tres años siguientes, desaparecerán más de siete mil publicaciones de todo tipo. Tan sólo el Frankfurter Zeitung gozó de una relativa libertad y siguió publicándose hasta 1941, aun cuando desde abril de 1939 era propiedad privada de Hitler por regalo de cumpleaños de su editor, Max Amann.
Tres años después, en 1917, el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia sentaba las bases de un Estado totalitario socialista. Para ello había sido preciso, no sólo el legado de Marx y la capacidad organizadora de Lenin, sino, además, la aplicación sistemática y coordinada de técnicas psicológicas a los medios de expresión, con el objeto de guiar la actitud y el comportamiento de las masas: había nacido la propaganda moderna.
Mientras, en la guerra europea, se aplicaba con éxito la "nueva arma". El dominio anglosajón en el terreno de la información fue decisivo a la hora de medir los resultados. Lo que quedó como "la organización del entusiasmo", produjo la destrucción psicológica del adversario y mantuvo a salvo la propia fe en el triunfo. Se imponía, así, la razón británica sobre la moral "destructora" de las potencias centrales.
Ambos ejemplos -leninista y británico- pasaron a la historia como modelos de propaganda totalitaria y de guerra respectivamente; no es, pues, extraño que quien aspiraba a tener el poder total y estaba dispuesto a saldar pasados agravios con una nueva guerra, debía conocer profundamente las técnicas propagandísticas más eficaces.
Adolf Hitler había mostrado un gran interés por la propaganda y admiraba los modelos citados. En su obra Mein Kampf declara su entusiasmo por la propaganda de guerra aliada frente a la alemana, "deficiente en la forma, psicológicamente errada en su carácter". Igual que las organizaciones de izquierda, en cuyas manos la propaganda era un instrumento que "dominaban y empleaban con maestría".
Toda la vida de Hitler fue un esfuerzo constante por superar esos modelos; por imponerse, por convencer a los demás. Sabía que los ejércitos solos no eran suficientes y pretendió movilizar al "gran ejército de la Opinión Pública".
Los primeros años, los de la lucha por el poder y la conquista del Estado, fueron los más difíciles. Entre 1920 y 1933 el partido nacionalsocialista, de ser un grupo de fanáticos descontentos, se convirtió en la primera fuerza política de Alemania, con 17 millones de votos. Durante esos trece años, la "propaganda -dijo Goebbels- fue nuestra arma más afilada": la svástica; el Volkischer Beobachter; las S. A.; el asalto de Munich; Mein Kampf, el doctor Goebbels; tumultos, desfiles, arengas inflamadas, banderas, eslóganes, carteles: violencia. "La propaganda nazi -se dijo- era una obsesión, una tiranía".
Tras las elecciones de 1928, en las que el NSDAP obtiene ochocientos mil votos y doce diputados, Goebbels pasa a dirigir toda la propaganda del partido. El milagro no se hace esperar; en 1930 se consiguen seis millones y medio de votos, que suponen 107 representantes en el Reichstag.
"Este partido -escribiría Carlos Radek-, que carece de historia, ha surgido como un islote que emergiera de golpe en plena mar por el efecto de las fuerzas volcánicas".
"Hitler será presidente", rezaba un famoso eslogan antes de que el mariscal Von Hindenburg fuese reelegido jefe de Estado en abril de 1932 y frenara, momentáneamente, las aspiraciones del Führer.
"Hitler será presidente igual", declaraba otro lema no menos popular surgido tras las elecciones.
La agitación y el exceso habían llegado a su punto más alto. Todos los días se celebraban centenares de mítines: en Berlín, veinte o treinta a la vez. Hitler y Goebbels intervenían en varios de ellos cada noche. El Führer recorría Alemania en avión como muestra de su omnipotencia. Goebbels constantemente hablaba por la radio o los altavoces.
Las paredes se llenaban de carteles y el suelo de hojas volantes. Las concentraciones de miles de seguidores eran normales. Además, entre 1930 y 1932, el número de publicaciones sostenidas por el movimiento nacionalsocialista pasó de seis a 121, con una tirada global de más de un millón de ejemplares.
El 31 de julio de 1932, el partido duplica los votos y consigue 230 diputados. Lo que se definió como la conquista del Estado por la "conquista de los espíritus y de las almas", era una realidad.
El 30 de enero de 1933, Adolfo Hitler, apoyado ya en 17 millones de votos, era nombrado Canciller del Reich. Una nueva y trascendental etapa comenzaba para la historia del nazismo: la de su consolidación y conservación.
El ideal de Estado totalitario requería la centralización del aparato propagandístico y la eliminación del adversario. Se comenzó por lo segundo.
Por un decreto de 4 de febrero, la policía podía secuestrar o destruir todo impreso considerado peligroso para el orden público. Así, hasta el 28 de febrero, en que con el pretexto del incendio del Reichstag desapareció la libertad de prensa, fueron suprimidos 71 periódicos socialistas y 60 comunistas, y se encarceló a sus responsables.
En los tres años siguientes, desaparecerán más de siete mil publicaciones de todo tipo. Tan sólo el Frankfurter Zeitung gozó de una relativa libertad y siguió publicándose hasta 1941, aun cuando desde abril de 1939 era propiedad privada de Hitler por regalo de cumpleaños de su editor, Max Amann.
miércoles, 1 de abril de 2009
La Muerte de Mussolini
Benito Mussolini nació el 29 de julio de 1883 en Dovia di Predappio, una aldea de la Romaña italiana, hijo de un herrero anarquista revolucionario llamado Alessandro Mussolini y de Rosa Maltoni, una maestra de escuela. Aunque se convertiría en uno de los grandes oradores del siglo XX, empezó muy tarde a hablar, por lo que sus padres llegaron a pensar que sería mudo. Resultó ser un niño conflictivo, que se metía con frecuencia en problemas con los compañeros, siendo expulsado a los once años del internado de los Padres Salesianos en Faenza, por arrojar un tintero a uno de los Padres y agredir a un compañero. Lo enviaron a la escuela Giosué Carducci, de donde de nuevo se le expulsó por herir a otro muchacho.
En el año 1900 ingresó en el Partido Socialista Italiano (PSI) y al año siguiente obtuvo el título de maestro de escuela. En 1902 se refugió en Suiza para evitar realizar el servicio militar. Trabajando como peón de albañil, carnicero y chico de recados, aprendió alemán e inglés, que años más tarde le resultarían de gran utilidad en sus conversaciones directas con Hitler y con Chamberlain. En 1904 se decretó en Italia una ley de amnistía contra los desertores, regresando a su patria y prestando el servicio militar en Verona en el cuerpo de los bersaglieri, donde actuó con gran disciplina.
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Del matrimonio Mussolini-Guidi nacieron cinco hijos
En 1909 conoció a Rachele Guidi, con la que acabó conviviendo maritalmente, y no sería su esposa hasta 1917. Fruto de esta unión nacieron cinco hijos: Edda (1910), Vittorio (septiembre 1916), Bruno (octubre 1918), Romano (1927) y Anna María (1928).
La bellísima hija mayor Edda, de carácter enérgico y rebelde, se casó con el conde Galeazzo Ciano, que llegó a ser el delfín político del Duce. Vittorio, después de múltiples aventuras, logró salir de Génova con rumbo a la Argentina. Escribió un libro cuyo título original era “Mussolini: Due donne nella tempesta”. (Arnoldo Mondadori Editore, Milán 1961) y cuya traducción al español se tituló “Mussolini: Mujeres trágicas en su vida”. Ediciones Grijalbo, Barcelona 1974). Bruno moría el 7 de agosto de 1941 en la II Guerra Mundial, pilotando un avión de combate. Anteriormente había luchado como voluntario en el bando Nacional en la Guerra Civil Española, en la que tomó parte en veintisiete combates aéreos. En la actualidad el único hijo vivo del Duce es Romano, de profesión pianista de jazz y que tiene 78 años. Cuando fusilaron a su padre contaba con 18 años de edad. Anna María falleció a causa de una cruel enfermedad en 1968, cuando sólo contaba 40 años.
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Expulsado del diario “Avanti!” y del Partido Socialista
Benito Mussolini fue arrestado y encarcelado por oponerse a la guerra entre Italia y Libia (1911-1912). Posteriormente fue nombrado director del periódico oficial del Partido Socialista “Avanti!”, desde donde se erigió en portavoz de los trabajadores. Al estallar la I Guerra Mundial (1914) al principio se mostró contrario a la intervención de Italia en la guerra, pero hacia octubre de 1914 cambió su posición neutralista, para pasar a reclamar apoyo a los aliados en la contienda. Este viraje ideológico le costó la expulsión del diario y del Partido Socialista.
En noviembre de 1914 Mussolini fundó en Milán el diario “Il Popolo d’Italia”. En agosto de 1915 partió como voluntario al frente de combate como simple soldado, demostrando gran valor y arrojo, hasta que en febrero de 1917 cayó gravemente herido, permaneciendo cuatro meses internado. Terminada la guerra, Italia fue tratada como una potencia vencida, lo que proporcionó una creciente desocupación y una economía quebrada.
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Funda los grupos “Fasci de Combattimento”
Mussolini aprovechó esta mala coyuntura para fundar en Milán los grupos llamados “Fasci di Combattimento”, movimiento de carácter nacionalista, antiliberal y antisocialista. Tomó su nombre de las ‘fasces’, el antiguo símbolo de la disciplina romana. En 1921 formó el ‘Partido Nacional Facista’. En un mismo grupo unió a la nueva clase burguesa de la posguerra con los grandes industriales, los excombatientes, los trabajadores, los agricultores y el ejército. Reconocía el sufragio universal, defendía el liberalismo económico, la privatización de las industrias estatales y la libertad de cultos.
El 25 de mayo de 1922 organizó su ‘marcha sobre Roma’. El diario “El Corriere della Sera” saludó la llegada del fascismo al poder como una garantía contra el peligro socialista, afirmando el resto de periódicos que el gobierno de Mussolini representaba el único camino para restablecer el orden que todos los italianos pedían. Un día después de la ‘marcha’ de las milicias de las ‘Camisas Negras’, el rey Víctor Manuel III invitó a Mussolini a formar gobierno.
Desde el poder Mussolini dictó leyes sociales muy importantes que aún hoy siguen vigentes, tales como la jornada laboral de ocho horas, la pensión por ancianidad, la jubilación, el derecho a una justa retribución, la protección de los niños, etc. Por primera vez los ciudadanos se sentían protegidos por el Estado y orgullosos de ser italianos. Así pues, se mantuvo el sistema capitalista y se incrementaron los servicios sociales, pero se abolieron los sindicatos independientes y el derecho a la huelga.
En pocos años se realizaron grandes obras públicas, creación de nuevas industrias, construcción de autopistas, mejoras ferroviarias, etc. que cambiaron la fisonomía de Italia. En 1929 se firmaron los Pactos de Letrán con el Vaticano, acabando de esa forma con el conflicto que había enfrentado a la Iglesia y el Estado italiano desde 1870.
En los años treinta era un país moderno y próspero, con un sistema político que muchos países del mundo trataban de imitar. Tanto es así, que grandes personajes de la época elogiaban con entusiasmo a Mussolini. Churchill dijo de él que era el estadista más importante de aquellos años. Gandhi afirmó que era el nuevo Mazzini de Europa. Hitler lo admiró toda su vida y llegó a decir que era el estadista más grande que había tenido la humanidad en los últimos mil años. Roosevelt lo citaba como modelo de conductor político. Como pasa con los avatares del tiempo y de las circunstancias, después de 1945 la historiografía borró de un plumazo estos elogios, pero para un juicio justo y sereno, estas laudatorias manifestaciones se conservan en las hemerotecas y en los documentos de la época.
Después de la muerte de su hermano Arnaldo, que había sido su mejor consejero político y con el que mantenía una excelente relación, Mussolini cometió muchos errores. Se quedó solo y rodeado de una corte de genuflexos que adulaban todas sus decisiones por más erradas que fueran. Más tarde se confió en su yerno, el conde Galeazzo Ciano, hombre muy superficial e incapaz de resolver los problemas más nimios.
En 1935 Mussolini invadió Etiopía (Abisinia) haciéndose con la aclamación de casi todos los sectores de la sociedad italiana. En 1936 envió tropas en apoyo de Franco durante la Guerra Civil Española (1936-1939) si bien sufrió contratiempos como en Guadalajara.
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Segunda Guerra Mundial
Se alió con la Alemania gobernada por el nacionalsocialismo mediante la formación del Eje Roma-Berlín que culminó con el Pacto de Acero entre ambos estados (1939) y en ese mismo año invadió Albania. Al estallar la II Guerra Mundial, decidió mantenerse al margen, pero cambió de actitud cuando los alemanes invadieron Francia en junio de 1940.
Italia luchó contra los británicos en África, invadió Grecia y se unió a los germanos en el reparto de Yugoslavia, la invasión de la Unión Soviética y la declaración de guerra a los Estados Unidos.
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El Rey Víctor Manuel III destituye a Mussolini
En 1943, en medio de las derrotas militares y mientras los aliados desembarcan en Sicilia, el Gran Consejo Fascista, que hasta entonces se había limitado a avalar las decisiones de Mussolini, lo destituyó el 25 de julio de 1943, para quedar bien ante los ojos del enemigo. El Rey Víctor Manuel III, eterno admirador del Duce, para salvar su propio pellejo depuso a Mussolini ordenando su arresto. A las doce del 25 de julio, la radio comunicaba a la población: “Su Majestad el Rey-Emperador Víctor Manuel ha aceptado la dimisión de los cargos de Jefe del Gobierno y Secretario de Estado de Su Excelencia el ‘Cavaliere’ Benito Mussolini, y ha nombrado Jefe del Gobierno y Secretario de Estado al ‘Cavaliere’ Mariscal de Italia Pietro Badoglio”
Entonces Badoglio, se preocupó en hacer un armisticio con los aliados y así el 3 de septiembre de 1943 llegó a un acuerdo y el día 8, rompiendo su palabra de honor, declaró la guerra a Alemania, hasta entonces su aliado. Badoglio fue el tercer hipócrita de esta historia, y junto al Rey abandonó la capital para dirigirse hacia Brindisi, dominado por los aliados, dejando Roma a manos de los alemanes. Ya había dicho Napoleón que: “ no se podía confiar en los italianos, porque Italia nunca terminaba una guerra del mismo lado en que la empezó”.Después de entrevistarse con el Rey, Mussolini fue detenido en ‘Villa Savoia’. El 28 de julio fue llevado a la isla de Ponza y, más tarde, el 6 de agosto, a la isla de La Madalena, para finalmente trasladarlo al Gran Sasso, una estación de invierno en las alturas de los Abruzzos, adonde sólo se podía llegar a través de un funicular. Lo alojaron en el hotel “Campo Imperatore” bajo la vigilancia de doscientos cincuenta ‘carabinieris’. El 12 de septiembre de 1943, la audaz hazaña del coronel alemán de las SS, Otto Skorzeny, consiguiendo hacer aterrizar a 90 hombres en planeadores y rescatando al Duce. Con él voló en un ‘Fieseler-Storch’ a Pratica di Mare, donde les esperaba un Heinkel He-111 para llevarlos a Viena y de allí a Munich. Por esta acción, Otto Skorzeny recibió la Cruz de Caballero para su Cruz de Hierro y fue ascendido a ‘Sturmbannführer’. Tras una conversación con Hitler, éste le nombró jefe de la República Social Italiana, fugaz régimen radicado en Saló y que sólo subsistió por la protección alemana. Los italianos del norte le siguieron siendo fieles, pero se desató una guerra civil entre los partisanos y los fascistas, A todo esto, en Italia reina un gran caos, con las tropas italianas que no saben a quien servir, si a Badoglio, a Mussolini o a los alemanes. El 13 de marzo de 1945 Mussolini envió a su hijo Vittorio a entregar al cardenal Schuster, arzobispo de Milán, una carta solicitando algunas garantías para la población civil en el caso de que los alemanes evacuaran Italia, y las fuerzas fascistas tomaran posiciones en los Alpes. El cardenal Alfredo Ildefonso Schuster creyó que el gesto era perfectamente inútil, pero transmitió el mensaje a los aliados por medio del nuncio apostólico de Berna. En cuanto el mensaje llegó al cuartel general instalado en Casera, los aliados respondieron considerándolo no recibido, como si los alemanes hubieran aceptado ya la capitulación.
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[N.del A.] El cardenal de Milán, Alfredo Ildefonso Schuster, benedictino, nació el 18 de enero de 1880 en Roma y falleció, con fama de santidad, en Venegono (Varese) el 30 de agosto de 1954. El Papa Pío XII, para sustituir al cardenal Schuster, nombró a monseñor Giovanni Battista Montini como cardenal de Milán. A la muerte del Papa Juan XXIII, el 21 de junio de 1963, fue elegido Papa el cardenal Montini, que tomó el nombre de Pablo VI. El 12 de mayo de 1996, el Papa Juan Pablo II beatificó al cardenal Schuster, en una ceremonia que tuvo lugar en la Plaza de San Pedro de Roma. El proceso de beatificación había comenzado en 1957.
La rotunda negativa de Winston Churchill a cualquier propuesta que no contemplara la muerte del Duce, alimentó durante los años de posguerra el manejo de varias hipótesis. La sincera amistad que existió entre Churchill y Mussolini durante más de veinte años, quedó plasmada a través de una cuantiosa correspondencia que mantuvieron los dos estadistas. Cada vez que Churchill visitaba Italia, el Duce lo invitaba a su casa en la Villa Torlonia. Esta entrañable amistad siguió aún después del ingreso de Italia en la guerra al lado de los alemanes en 1940. Ello llevó a alimentar variadas e incluso disparatadas leyendas, con respecto al papel que jugó Mussolini durante la guerra, con sus grandes desaciertos estratégicos cometidos en todos los frentes de batalla, lo que hizo sospechar en algún plan secreto entre italianos e ingleses con el fin de perjudicar a Hitler. Fracasos en África del Norte, inoportuno ataque a Grecia y, que gracias a la intervención germana, pudieron paliaron el desastre. Los alemanes por su intervención en los Balcanes tuvieron que retrasar el ataque a Rusia en cinco semanas, que fueron decisivas ante la proximidad del letal invierno ruso. Los despropósitos italianos fueron de tal magnitud que los propios alemanes pronto prefirieron combatir solos, antes que con los contingentes italianos.
Otra incógnita es el porqué del empeño de Churchill en la eliminación de su amigo. Si no había nada que ocultar, resulta cuanto menos extraño el que no brindase a Mussolini la posibilidad de un juicio, siquiera fuese circense como el de Nüremberg.
Durante sus últimos días el Duce no se separaba nunca de una cartera de cuero, que a su juicio, contenía documentos importantísimos, que podían cambiar de forma radical la visión de los hechos ocurridos durante la contienda. Pudo ser una artimaña de Mussolini, pero lo cierto es que esa cartera desapareció después del asesinato del Duce. Curiosamente, unos días después de acabar la guerra, el líder británico se tomó unas ‘vacaciones’ en Italia, precisamente en el lago de Como, donde Mussolini vivió sus últimos días...
El 25 de abril de 1945, Mussolini acudió al palacio del cardenal Schuster para reunirse con representantes del movimiento partisano Comité de Liberación Nacional. Las propuestas que recibió Mussolini fueron terminantes: rendición incondicional, exigiendo la concentración de todos los fascistas en el triángulo Milán-Como-Lecco, donde entregarían las armas. Después se emprendería acción legal contra algunas personas, al resto se les garantizaría inmunidad en calidad de prisioneros de guerra.
El Duce se retiró del arzobispado de Milán con la promesa de volver tras meditar la propuesta, pero ante la evidencia de que los partisanos iban a fusilarlo, decidió huir a las cercanías del lago de Como, ya que su vida no estaba segura en Milán. El secretario del Partido Socialista, Alessandro Pertini, había ido a buscarle al palacio del cardenal, afirmando que bastarían un par de días para establecer un tribunal popular y ejecutarle en juicio sumarísimo.
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[N. del A.] Alessandro Pertini (los italianos lo llamaron cariñosamente como Sandro), nació en Stella de San Giovanni, en la provincia de Savona, el 25 de septiembre de 1896. Licenciado en Leyes y Ciencias Políticas y Sociales. Sufrió varias condenas por sus actividades antifascistas. Ingresó en el Partido Socialista. Se exilió a Francia, donde conoció a Blasco Ibáñez y a Miguel de Unamuno. Creó una emisora de radio que utilizó para lanzar mensajes en contra del fascismo. Dirigió y condujo la lucha partisana. Conoció a una militante partisana, Carla Voltolina, con la que se casó.
Fue uno de los que ordenó la muerte del Duce, teniendo gran influencia y responsabilidad en el fusilamiento de Mussolini. Había hecho la siguiente declaración: “Mussolini ha de morir como un perro sarnoso”.
El 9 de julio de 1978 fue elegido Presidente de la República. Una de las primeras actuaciones fue combatir la corrupción de su propio partido.
El 11 de julio de 1982 asistió al estadio Santiago Bernabeu para ver el encuentro de la final de fútbol de la Copa Mundial de la FIFA (‘España 1982’) entre los mejores equipos del torneo: Italia y Alemania Federal. Ganaron los italianos por 3 a 1, y aún se recuerda los saltos y abrazos que Sandro Pertini propinó a S.M. Juan Carlos I, cuando la ‘squadra azzurra’ marcaba los goles...
Murió en Roma el 24 de febrero de 1990.
Por la noche del 25, las fuerzas fascistas acaban de disolverse, quedando sólo de la República Social Italiana, una columna de automóviles que huye hacia el Norte. Este mismo día se rebelan contra el Duce las ciudades más importantes del Norte y los ejércitos aliados triunfadores, se lanzan sobre la llanura del Po, sin tropezar con ninguna clase de resistencia.
A las ocho de la mañana del día 26, salió del patio de la Prefectura el convoy de vehículos, llevando a varios Camisas Negras y ministros del Gobierno Republicano y seguido de dos camiones con hombres de la SS bajo el mando del teniente Birzer. En la ciudad de Como, el Duce detuvo el convoy, manifestando que allí se les unirían los tres mil fascistas leales que Pavolini le había prometido, pero que, como había confesado al cardenal Schuster, no esperaba recibir en realidad. Nada más llegar a Como, Mussolini le escribió una carta a su esposa Rachele, en la que le decía: “Mi querida Rachele: He llegado a la última fase de mi vida, a la última página de mi libro. Puede ser que no nos veamos nunca más. Yo te pido perdón por todo el mal que te he hecho, sin quererlo. Tú sabes que tenemos que marchar a la Valtellina”. También le instaba a cruzar la frontera Suiza con sus hijos.
N. del A.] El valle de Valtellina, a pocos kilómetros de Milán, está ubicado en la provincia de Lombardia. Es una importante región vinícola y limítrofe con Suiza.
En espera del retrasado Pavolini y de los hombres que hubiera podido reunir, se instaló en el Hostal Miravalle, en donde por la radio se enteró de un decreto según el cual “los miembros del Gobierno Fascista y los jefes del fascismo, culpables de haber suprimido las garantías constitucionales, destruido las libertades del pueblo, instaurado el régimen fascista, comprometido y traicionado la suerte de la nación y arrastrado a Italia a la presente catástrofe, serán condenados a la pena de muerte...”
Por fin llegó Alessandro Pavolini, en un coche blindado con ¡doce hombres!...
El 26 de abril, a las tres de la madrugada, después de esta angustiosa y vana espera, el Duce decide ponerse en marcha hacia la cercana frontera suiza. La columna recorre la carretera sobre la ribera occidental del lago de Como hasta Menaggio.
Alessandro Pavolini fue una de las figuras más representativas del Fascismo. Escritor y hombre de cultura, estuvo al frente de la cartera de Cultura Popular y dirigió “Il Messaggero”, publicación editada en Roma. Después de fusilado, moribundo, levantó el brazo derecho en el último saludo romano, gritando: “¡Volveremos”!
Amanece el 27 de abril, cuando se le acerca a Mussolini el teniente alemán Birzer, el cual le propone incorporarle a una unidad antiaérea de la SS compuesta por unos doscientos hombres, que se van a retirar hacia el Norte camino de Innsbruck. El Duce se pone al volante de un potente “Alfa Romeo” junto a Clara Petacci y su hermano Marcello.
Mussolini pregunta a un montañés si había partisanos por aquella zona, y al recibir contestación afirmativa, decide abandonar el coche para pasar al blindado de Pavolini. Al poco rato, el convoy es detenido por ráfagas de ametralladora de la 52 Brigada “Luigi Clerici Garibaldi” compuesta por partisanos comunistas, los cuales comunican que permiten pasar a los alemanes y sus vehículos, pero no a ningún italiano. De esa forma siguen las consignas del Comité de Liberación Nacional, que ha prometido la pena de muerte a todos los fascistas causantes de la gran catástrofe que sufre Italia.
Vuelve a intervenir el teniente Birzer sugiriendo al Duce que se ponga un abrigo y un casco alemán, subiendo luego en la cabina del conductor. Una vez puesta la comitiva en marcha, al llegar a Dongo todos los camiones son cuidadosamente registrados. Uno de los partisanos llamado Giuseppe Negri, desenmascara a Mussolini, quitándole unas gafas negras que se había colocado el Duce.
Negri avisa a su jefe de las ‘guerrillas’, Urbano Lázaro, que incrédulo se acercó al vehículo, descubriendo que, en efecto, era Mussolini. Deciden sacar al prisionero de Dongo, por si alguien intentara rescatarle, conduciéndolo al cuartel de policía fronterizo de Germasino.
En Dongo, el conde Pier Luigi Bellini della Stelle, jefe de los partisanos encuentra a Clara Petacci en el Ayuntamiento y ante la súplica de ella de querer morir con el Duce, el conde le jura que no tiene intención de matarlo, y que lo que piensa es entregarlo a las autoridades.
En una reunión mantenida entre miembros del Comité de Liberación Nacional y representantes del Cuerpo de Voluntarios de la Liberación celebrada en Milán se decidió que Mussolini sufriera una muerte violenta.
Walter Audisio, apodado “Coronel Valerio”, comunista que había combatido en la guerra civil española al lado de las Brigadas Internacionales, se le mandó a Dongo para asegurarse de que el Duce no sería entregado a las autoridades.
De Germasino, Mussolini fue trasladado a una pequeña alquería cerca de Bonzanigo, donde el conde Bellini permitió que Clara Petacci se le uniese.
Hacia las cuatro de la tarde del día 28 de abril de 1945, el “coronel Valerio” irrumpió en la alcoba, anunciando que les ‘venía a rescatarles’... Los empujó por las escaleras y los metió en la parte trasera de un coche, colocándose él frente a ambos, apuntándoles, mientras dos de sus compañeros se instalaron de pie en el estribo.
El vehículo, por orden de ‘Valerio’, se detuvo en la entrada de “Villa Belmonte”. Según relato del propio Walter Audisio, los hechos se sucedieron así: “Mandé a Mussolini que se colocase contra la pared. Se dirigió hacia el lugar sin comprender nada, y cuando se volvió le leí la sentencia...
“Por orden del Alto Mando del Cuerpo de Voluntarios de la Libertad, tengo la misión de hacer justicia al pueblo italiano...”
Éramos un pequeño grupo reunidos en aquel recodo de la carretera: Mussolini, Clara Petacci, Guido, el comisario de los partisanos y yo. Eran las cuatro de la tarde.
“-¡Mussolini no debe morir! ¡Mussolini no debe morir!” gritó la Petacci, convulsa, al borde de la histeria...
“Levanté la ametralladora para disparar...” “-¡Quítese de ahí o recibirá también! Le grité a la Petacci...” “Se apartó dando tropezones. Apunté y apreté el gatillo. El arma no disparó. Clara Petacci corrió de nuevo hacia Mussolini y lo abrazó”. “Arrojé la metralleta y empuñé el revólver. Clara Petacci corría de un lado para otro presa de pánico...” “-¡Quítese de en medio! le dije apuntando con el revólver, pero el arma tampoco funcionó... “Llamé al comisario y le tomé la metralleta. Apunté una vez más y alcanzaron a Mussolini cinco balas. Cayó de bruces, contra el muro. Disparé de nuevo. Una bala alcanzó a la Petacci y la mató en el acto. Tres balas más alcanzaron a Mussolini, pero aún respiraba. Me acerqué y le disparé al corazón. Por fin estaba muerto...”
A pesar de estas declaraciones del comunista Walter Audisio, después de 60 años, no se sabe aún cómo fue exactamente la escena con la que acabó la vida de Benito Mussolini. Según el historiador inglés Denis Mack Smith, “el único hecho cierto es que el 28 de abril de 1945, Mussolini, que había cumplido sesenta y un años, fue fusilado a toda prisa por partisanos comunistas, antes de que los americanos, ya a pocas horas de distancia, pudiesen alcanzarlo”.
Aquel mismo día fueron fusilados contra el paredón de la plaza principal de Dongo, frente al lago de Como, quince personajes, entre ellos Alessandro Pavolini, Paolo Zerbino, Incola Bombacci, Luigi Gatti, secretario personal de Mussolini, y varios ministros. Éstos quince cadáveres, además de los de Mussolini y Clara Petacci, el de Marcello Petacci, cuatro cuerpos no identificados y Starace, ex secretario del partido, fueron transportados en un camión a la plaza Loreto de Milán, donde en el techo de una gasolinera fueron colgados por los pies, como piezas de carnicería, y expuestos al público para que se ensañaran con ellos.
Años más tarde, a los cincuenta años de tan bochornoso, vergonzoso e inhumano comportamiento del populacho, salió la filmación de los cuerpos de Mussolini y de Clara Petacci, que realizó el teniente norteamericano Tamber, al día siguiente de la salvajada, en la estación central de Milán, apareciendo completamente deformados después de haber sido pisoteadas sus caras por los energúmenos partisanos y la rabia de la plebe. La RAI se decidió emitir dichas escalofriantes imágenes.
El cadáver del Duce fue desmembrado y enterrado en secreto en el cementerio de Musocco en Milán, de donde sería robado al año siguiente por unos neofascistas, que lo entregaron a los padres franciscanos del convento Angelicum de Pavía. En 1957 le fue confiado a Donna Rachele, que al recibir los despojos del que había sido su marido, exclamó: “El que después de vencer, se venga... ¡Es indigno de la victoria!
A continuación se procedió a enterrarlo en Predappio, su lugar de nacimiento.
El libro “...Y Mussolini creó el fascismo” de Néstor Luján y Luis Bettonica, en la última página se puede leer lo siguiente:
“Sean cuales fueren sus faltas, la muerte de Mussolini nos llena de piedad, y la de Claretta, compañera hasta el final, de admiración. Y aquella plebe de Milán nos llena de horror en su macabra alegría. Sean cuales fueran las faltas humanas, repetimos, fue un asesinato. Y nadie puede merecer en su entierro seres de tan baja calidad como aquellos milaneses del Piazzale Loretto.
En el año 1900 ingresó en el Partido Socialista Italiano (PSI) y al año siguiente obtuvo el título de maestro de escuela. En 1902 se refugió en Suiza para evitar realizar el servicio militar. Trabajando como peón de albañil, carnicero y chico de recados, aprendió alemán e inglés, que años más tarde le resultarían de gran utilidad en sus conversaciones directas con Hitler y con Chamberlain. En 1904 se decretó en Italia una ley de amnistía contra los desertores, regresando a su patria y prestando el servicio militar en Verona en el cuerpo de los bersaglieri, donde actuó con gran disciplina.
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Del matrimonio Mussolini-Guidi nacieron cinco hijos
En 1909 conoció a Rachele Guidi, con la que acabó conviviendo maritalmente, y no sería su esposa hasta 1917. Fruto de esta unión nacieron cinco hijos: Edda (1910), Vittorio (septiembre 1916), Bruno (octubre 1918), Romano (1927) y Anna María (1928).
La bellísima hija mayor Edda, de carácter enérgico y rebelde, se casó con el conde Galeazzo Ciano, que llegó a ser el delfín político del Duce. Vittorio, después de múltiples aventuras, logró salir de Génova con rumbo a la Argentina. Escribió un libro cuyo título original era “Mussolini: Due donne nella tempesta”. (Arnoldo Mondadori Editore, Milán 1961) y cuya traducción al español se tituló “Mussolini: Mujeres trágicas en su vida”. Ediciones Grijalbo, Barcelona 1974). Bruno moría el 7 de agosto de 1941 en la II Guerra Mundial, pilotando un avión de combate. Anteriormente había luchado como voluntario en el bando Nacional en la Guerra Civil Española, en la que tomó parte en veintisiete combates aéreos. En la actualidad el único hijo vivo del Duce es Romano, de profesión pianista de jazz y que tiene 78 años. Cuando fusilaron a su padre contaba con 18 años de edad. Anna María falleció a causa de una cruel enfermedad en 1968, cuando sólo contaba 40 años.
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Expulsado del diario “Avanti!” y del Partido Socialista
Benito Mussolini fue arrestado y encarcelado por oponerse a la guerra entre Italia y Libia (1911-1912). Posteriormente fue nombrado director del periódico oficial del Partido Socialista “Avanti!”, desde donde se erigió en portavoz de los trabajadores. Al estallar la I Guerra Mundial (1914) al principio se mostró contrario a la intervención de Italia en la guerra, pero hacia octubre de 1914 cambió su posición neutralista, para pasar a reclamar apoyo a los aliados en la contienda. Este viraje ideológico le costó la expulsión del diario y del Partido Socialista.
En noviembre de 1914 Mussolini fundó en Milán el diario “Il Popolo d’Italia”. En agosto de 1915 partió como voluntario al frente de combate como simple soldado, demostrando gran valor y arrojo, hasta que en febrero de 1917 cayó gravemente herido, permaneciendo cuatro meses internado. Terminada la guerra, Italia fue tratada como una potencia vencida, lo que proporcionó una creciente desocupación y una economía quebrada.
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Funda los grupos “Fasci de Combattimento”
Mussolini aprovechó esta mala coyuntura para fundar en Milán los grupos llamados “Fasci di Combattimento”, movimiento de carácter nacionalista, antiliberal y antisocialista. Tomó su nombre de las ‘fasces’, el antiguo símbolo de la disciplina romana. En 1921 formó el ‘Partido Nacional Facista’. En un mismo grupo unió a la nueva clase burguesa de la posguerra con los grandes industriales, los excombatientes, los trabajadores, los agricultores y el ejército. Reconocía el sufragio universal, defendía el liberalismo económico, la privatización de las industrias estatales y la libertad de cultos.
El 25 de mayo de 1922 organizó su ‘marcha sobre Roma’. El diario “El Corriere della Sera” saludó la llegada del fascismo al poder como una garantía contra el peligro socialista, afirmando el resto de periódicos que el gobierno de Mussolini representaba el único camino para restablecer el orden que todos los italianos pedían. Un día después de la ‘marcha’ de las milicias de las ‘Camisas Negras’, el rey Víctor Manuel III invitó a Mussolini a formar gobierno.
Desde el poder Mussolini dictó leyes sociales muy importantes que aún hoy siguen vigentes, tales como la jornada laboral de ocho horas, la pensión por ancianidad, la jubilación, el derecho a una justa retribución, la protección de los niños, etc. Por primera vez los ciudadanos se sentían protegidos por el Estado y orgullosos de ser italianos. Así pues, se mantuvo el sistema capitalista y se incrementaron los servicios sociales, pero se abolieron los sindicatos independientes y el derecho a la huelga.
En pocos años se realizaron grandes obras públicas, creación de nuevas industrias, construcción de autopistas, mejoras ferroviarias, etc. que cambiaron la fisonomía de Italia. En 1929 se firmaron los Pactos de Letrán con el Vaticano, acabando de esa forma con el conflicto que había enfrentado a la Iglesia y el Estado italiano desde 1870.
En los años treinta era un país moderno y próspero, con un sistema político que muchos países del mundo trataban de imitar. Tanto es así, que grandes personajes de la época elogiaban con entusiasmo a Mussolini. Churchill dijo de él que era el estadista más importante de aquellos años. Gandhi afirmó que era el nuevo Mazzini de Europa. Hitler lo admiró toda su vida y llegó a decir que era el estadista más grande que había tenido la humanidad en los últimos mil años. Roosevelt lo citaba como modelo de conductor político. Como pasa con los avatares del tiempo y de las circunstancias, después de 1945 la historiografía borró de un plumazo estos elogios, pero para un juicio justo y sereno, estas laudatorias manifestaciones se conservan en las hemerotecas y en los documentos de la época.
Después de la muerte de su hermano Arnaldo, que había sido su mejor consejero político y con el que mantenía una excelente relación, Mussolini cometió muchos errores. Se quedó solo y rodeado de una corte de genuflexos que adulaban todas sus decisiones por más erradas que fueran. Más tarde se confió en su yerno, el conde Galeazzo Ciano, hombre muy superficial e incapaz de resolver los problemas más nimios.
En 1935 Mussolini invadió Etiopía (Abisinia) haciéndose con la aclamación de casi todos los sectores de la sociedad italiana. En 1936 envió tropas en apoyo de Franco durante la Guerra Civil Española (1936-1939) si bien sufrió contratiempos como en Guadalajara.
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Segunda Guerra Mundial
Se alió con la Alemania gobernada por el nacionalsocialismo mediante la formación del Eje Roma-Berlín que culminó con el Pacto de Acero entre ambos estados (1939) y en ese mismo año invadió Albania. Al estallar la II Guerra Mundial, decidió mantenerse al margen, pero cambió de actitud cuando los alemanes invadieron Francia en junio de 1940.
Italia luchó contra los británicos en África, invadió Grecia y se unió a los germanos en el reparto de Yugoslavia, la invasión de la Unión Soviética y la declaración de guerra a los Estados Unidos.
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El Rey Víctor Manuel III destituye a Mussolini
En 1943, en medio de las derrotas militares y mientras los aliados desembarcan en Sicilia, el Gran Consejo Fascista, que hasta entonces se había limitado a avalar las decisiones de Mussolini, lo destituyó el 25 de julio de 1943, para quedar bien ante los ojos del enemigo. El Rey Víctor Manuel III, eterno admirador del Duce, para salvar su propio pellejo depuso a Mussolini ordenando su arresto. A las doce del 25 de julio, la radio comunicaba a la población: “Su Majestad el Rey-Emperador Víctor Manuel ha aceptado la dimisión de los cargos de Jefe del Gobierno y Secretario de Estado de Su Excelencia el ‘Cavaliere’ Benito Mussolini, y ha nombrado Jefe del Gobierno y Secretario de Estado al ‘Cavaliere’ Mariscal de Italia Pietro Badoglio”
Entonces Badoglio, se preocupó en hacer un armisticio con los aliados y así el 3 de septiembre de 1943 llegó a un acuerdo y el día 8, rompiendo su palabra de honor, declaró la guerra a Alemania, hasta entonces su aliado. Badoglio fue el tercer hipócrita de esta historia, y junto al Rey abandonó la capital para dirigirse hacia Brindisi, dominado por los aliados, dejando Roma a manos de los alemanes. Ya había dicho Napoleón que: “ no se podía confiar en los italianos, porque Italia nunca terminaba una guerra del mismo lado en que la empezó”.Después de entrevistarse con el Rey, Mussolini fue detenido en ‘Villa Savoia’. El 28 de julio fue llevado a la isla de Ponza y, más tarde, el 6 de agosto, a la isla de La Madalena, para finalmente trasladarlo al Gran Sasso, una estación de invierno en las alturas de los Abruzzos, adonde sólo se podía llegar a través de un funicular. Lo alojaron en el hotel “Campo Imperatore” bajo la vigilancia de doscientos cincuenta ‘carabinieris’. El 12 de septiembre de 1943, la audaz hazaña del coronel alemán de las SS, Otto Skorzeny, consiguiendo hacer aterrizar a 90 hombres en planeadores y rescatando al Duce. Con él voló en un ‘Fieseler-Storch’ a Pratica di Mare, donde les esperaba un Heinkel He-111 para llevarlos a Viena y de allí a Munich. Por esta acción, Otto Skorzeny recibió la Cruz de Caballero para su Cruz de Hierro y fue ascendido a ‘Sturmbannführer’. Tras una conversación con Hitler, éste le nombró jefe de la República Social Italiana, fugaz régimen radicado en Saló y que sólo subsistió por la protección alemana. Los italianos del norte le siguieron siendo fieles, pero se desató una guerra civil entre los partisanos y los fascistas, A todo esto, en Italia reina un gran caos, con las tropas italianas que no saben a quien servir, si a Badoglio, a Mussolini o a los alemanes. El 13 de marzo de 1945 Mussolini envió a su hijo Vittorio a entregar al cardenal Schuster, arzobispo de Milán, una carta solicitando algunas garantías para la población civil en el caso de que los alemanes evacuaran Italia, y las fuerzas fascistas tomaran posiciones en los Alpes. El cardenal Alfredo Ildefonso Schuster creyó que el gesto era perfectamente inútil, pero transmitió el mensaje a los aliados por medio del nuncio apostólico de Berna. En cuanto el mensaje llegó al cuartel general instalado en Casera, los aliados respondieron considerándolo no recibido, como si los alemanes hubieran aceptado ya la capitulación.
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[N.del A.] El cardenal de Milán, Alfredo Ildefonso Schuster, benedictino, nació el 18 de enero de 1880 en Roma y falleció, con fama de santidad, en Venegono (Varese) el 30 de agosto de 1954. El Papa Pío XII, para sustituir al cardenal Schuster, nombró a monseñor Giovanni Battista Montini como cardenal de Milán. A la muerte del Papa Juan XXIII, el 21 de junio de 1963, fue elegido Papa el cardenal Montini, que tomó el nombre de Pablo VI. El 12 de mayo de 1996, el Papa Juan Pablo II beatificó al cardenal Schuster, en una ceremonia que tuvo lugar en la Plaza de San Pedro de Roma. El proceso de beatificación había comenzado en 1957.
La rotunda negativa de Winston Churchill a cualquier propuesta que no contemplara la muerte del Duce, alimentó durante los años de posguerra el manejo de varias hipótesis. La sincera amistad que existió entre Churchill y Mussolini durante más de veinte años, quedó plasmada a través de una cuantiosa correspondencia que mantuvieron los dos estadistas. Cada vez que Churchill visitaba Italia, el Duce lo invitaba a su casa en la Villa Torlonia. Esta entrañable amistad siguió aún después del ingreso de Italia en la guerra al lado de los alemanes en 1940. Ello llevó a alimentar variadas e incluso disparatadas leyendas, con respecto al papel que jugó Mussolini durante la guerra, con sus grandes desaciertos estratégicos cometidos en todos los frentes de batalla, lo que hizo sospechar en algún plan secreto entre italianos e ingleses con el fin de perjudicar a Hitler. Fracasos en África del Norte, inoportuno ataque a Grecia y, que gracias a la intervención germana, pudieron paliaron el desastre. Los alemanes por su intervención en los Balcanes tuvieron que retrasar el ataque a Rusia en cinco semanas, que fueron decisivas ante la proximidad del letal invierno ruso. Los despropósitos italianos fueron de tal magnitud que los propios alemanes pronto prefirieron combatir solos, antes que con los contingentes italianos.
Otra incógnita es el porqué del empeño de Churchill en la eliminación de su amigo. Si no había nada que ocultar, resulta cuanto menos extraño el que no brindase a Mussolini la posibilidad de un juicio, siquiera fuese circense como el de Nüremberg.
Durante sus últimos días el Duce no se separaba nunca de una cartera de cuero, que a su juicio, contenía documentos importantísimos, que podían cambiar de forma radical la visión de los hechos ocurridos durante la contienda. Pudo ser una artimaña de Mussolini, pero lo cierto es que esa cartera desapareció después del asesinato del Duce. Curiosamente, unos días después de acabar la guerra, el líder británico se tomó unas ‘vacaciones’ en Italia, precisamente en el lago de Como, donde Mussolini vivió sus últimos días...
El 25 de abril de 1945, Mussolini acudió al palacio del cardenal Schuster para reunirse con representantes del movimiento partisano Comité de Liberación Nacional. Las propuestas que recibió Mussolini fueron terminantes: rendición incondicional, exigiendo la concentración de todos los fascistas en el triángulo Milán-Como-Lecco, donde entregarían las armas. Después se emprendería acción legal contra algunas personas, al resto se les garantizaría inmunidad en calidad de prisioneros de guerra.
El Duce se retiró del arzobispado de Milán con la promesa de volver tras meditar la propuesta, pero ante la evidencia de que los partisanos iban a fusilarlo, decidió huir a las cercanías del lago de Como, ya que su vida no estaba segura en Milán. El secretario del Partido Socialista, Alessandro Pertini, había ido a buscarle al palacio del cardenal, afirmando que bastarían un par de días para establecer un tribunal popular y ejecutarle en juicio sumarísimo.
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[N. del A.] Alessandro Pertini (los italianos lo llamaron cariñosamente como Sandro), nació en Stella de San Giovanni, en la provincia de Savona, el 25 de septiembre de 1896. Licenciado en Leyes y Ciencias Políticas y Sociales. Sufrió varias condenas por sus actividades antifascistas. Ingresó en el Partido Socialista. Se exilió a Francia, donde conoció a Blasco Ibáñez y a Miguel de Unamuno. Creó una emisora de radio que utilizó para lanzar mensajes en contra del fascismo. Dirigió y condujo la lucha partisana. Conoció a una militante partisana, Carla Voltolina, con la que se casó.
Fue uno de los que ordenó la muerte del Duce, teniendo gran influencia y responsabilidad en el fusilamiento de Mussolini. Había hecho la siguiente declaración: “Mussolini ha de morir como un perro sarnoso”.
El 9 de julio de 1978 fue elegido Presidente de la República. Una de las primeras actuaciones fue combatir la corrupción de su propio partido.
El 11 de julio de 1982 asistió al estadio Santiago Bernabeu para ver el encuentro de la final de fútbol de la Copa Mundial de la FIFA (‘España 1982’) entre los mejores equipos del torneo: Italia y Alemania Federal. Ganaron los italianos por 3 a 1, y aún se recuerda los saltos y abrazos que Sandro Pertini propinó a S.M. Juan Carlos I, cuando la ‘squadra azzurra’ marcaba los goles...
Murió en Roma el 24 de febrero de 1990.
Por la noche del 25, las fuerzas fascistas acaban de disolverse, quedando sólo de la República Social Italiana, una columna de automóviles que huye hacia el Norte. Este mismo día se rebelan contra el Duce las ciudades más importantes del Norte y los ejércitos aliados triunfadores, se lanzan sobre la llanura del Po, sin tropezar con ninguna clase de resistencia.
A las ocho de la mañana del día 26, salió del patio de la Prefectura el convoy de vehículos, llevando a varios Camisas Negras y ministros del Gobierno Republicano y seguido de dos camiones con hombres de la SS bajo el mando del teniente Birzer. En la ciudad de Como, el Duce detuvo el convoy, manifestando que allí se les unirían los tres mil fascistas leales que Pavolini le había prometido, pero que, como había confesado al cardenal Schuster, no esperaba recibir en realidad. Nada más llegar a Como, Mussolini le escribió una carta a su esposa Rachele, en la que le decía: “Mi querida Rachele: He llegado a la última fase de mi vida, a la última página de mi libro. Puede ser que no nos veamos nunca más. Yo te pido perdón por todo el mal que te he hecho, sin quererlo. Tú sabes que tenemos que marchar a la Valtellina”. También le instaba a cruzar la frontera Suiza con sus hijos.
N. del A.] El valle de Valtellina, a pocos kilómetros de Milán, está ubicado en la provincia de Lombardia. Es una importante región vinícola y limítrofe con Suiza.
En espera del retrasado Pavolini y de los hombres que hubiera podido reunir, se instaló en el Hostal Miravalle, en donde por la radio se enteró de un decreto según el cual “los miembros del Gobierno Fascista y los jefes del fascismo, culpables de haber suprimido las garantías constitucionales, destruido las libertades del pueblo, instaurado el régimen fascista, comprometido y traicionado la suerte de la nación y arrastrado a Italia a la presente catástrofe, serán condenados a la pena de muerte...”
Por fin llegó Alessandro Pavolini, en un coche blindado con ¡doce hombres!...
El 26 de abril, a las tres de la madrugada, después de esta angustiosa y vana espera, el Duce decide ponerse en marcha hacia la cercana frontera suiza. La columna recorre la carretera sobre la ribera occidental del lago de Como hasta Menaggio.
Alessandro Pavolini fue una de las figuras más representativas del Fascismo. Escritor y hombre de cultura, estuvo al frente de la cartera de Cultura Popular y dirigió “Il Messaggero”, publicación editada en Roma. Después de fusilado, moribundo, levantó el brazo derecho en el último saludo romano, gritando: “¡Volveremos”!
Amanece el 27 de abril, cuando se le acerca a Mussolini el teniente alemán Birzer, el cual le propone incorporarle a una unidad antiaérea de la SS compuesta por unos doscientos hombres, que se van a retirar hacia el Norte camino de Innsbruck. El Duce se pone al volante de un potente “Alfa Romeo” junto a Clara Petacci y su hermano Marcello.
Mussolini pregunta a un montañés si había partisanos por aquella zona, y al recibir contestación afirmativa, decide abandonar el coche para pasar al blindado de Pavolini. Al poco rato, el convoy es detenido por ráfagas de ametralladora de la 52 Brigada “Luigi Clerici Garibaldi” compuesta por partisanos comunistas, los cuales comunican que permiten pasar a los alemanes y sus vehículos, pero no a ningún italiano. De esa forma siguen las consignas del Comité de Liberación Nacional, que ha prometido la pena de muerte a todos los fascistas causantes de la gran catástrofe que sufre Italia.
Vuelve a intervenir el teniente Birzer sugiriendo al Duce que se ponga un abrigo y un casco alemán, subiendo luego en la cabina del conductor. Una vez puesta la comitiva en marcha, al llegar a Dongo todos los camiones son cuidadosamente registrados. Uno de los partisanos llamado Giuseppe Negri, desenmascara a Mussolini, quitándole unas gafas negras que se había colocado el Duce.
Negri avisa a su jefe de las ‘guerrillas’, Urbano Lázaro, que incrédulo se acercó al vehículo, descubriendo que, en efecto, era Mussolini. Deciden sacar al prisionero de Dongo, por si alguien intentara rescatarle, conduciéndolo al cuartel de policía fronterizo de Germasino.
En Dongo, el conde Pier Luigi Bellini della Stelle, jefe de los partisanos encuentra a Clara Petacci en el Ayuntamiento y ante la súplica de ella de querer morir con el Duce, el conde le jura que no tiene intención de matarlo, y que lo que piensa es entregarlo a las autoridades.
En una reunión mantenida entre miembros del Comité de Liberación Nacional y representantes del Cuerpo de Voluntarios de la Liberación celebrada en Milán se decidió que Mussolini sufriera una muerte violenta.
Walter Audisio, apodado “Coronel Valerio”, comunista que había combatido en la guerra civil española al lado de las Brigadas Internacionales, se le mandó a Dongo para asegurarse de que el Duce no sería entregado a las autoridades.
De Germasino, Mussolini fue trasladado a una pequeña alquería cerca de Bonzanigo, donde el conde Bellini permitió que Clara Petacci se le uniese.
Hacia las cuatro de la tarde del día 28 de abril de 1945, el “coronel Valerio” irrumpió en la alcoba, anunciando que les ‘venía a rescatarles’... Los empujó por las escaleras y los metió en la parte trasera de un coche, colocándose él frente a ambos, apuntándoles, mientras dos de sus compañeros se instalaron de pie en el estribo.
El vehículo, por orden de ‘Valerio’, se detuvo en la entrada de “Villa Belmonte”. Según relato del propio Walter Audisio, los hechos se sucedieron así: “Mandé a Mussolini que se colocase contra la pared. Se dirigió hacia el lugar sin comprender nada, y cuando se volvió le leí la sentencia...
“Por orden del Alto Mando del Cuerpo de Voluntarios de la Libertad, tengo la misión de hacer justicia al pueblo italiano...”
Éramos un pequeño grupo reunidos en aquel recodo de la carretera: Mussolini, Clara Petacci, Guido, el comisario de los partisanos y yo. Eran las cuatro de la tarde.
“-¡Mussolini no debe morir! ¡Mussolini no debe morir!” gritó la Petacci, convulsa, al borde de la histeria...
“Levanté la ametralladora para disparar...” “-¡Quítese de ahí o recibirá también! Le grité a la Petacci...” “Se apartó dando tropezones. Apunté y apreté el gatillo. El arma no disparó. Clara Petacci corrió de nuevo hacia Mussolini y lo abrazó”. “Arrojé la metralleta y empuñé el revólver. Clara Petacci corría de un lado para otro presa de pánico...” “-¡Quítese de en medio! le dije apuntando con el revólver, pero el arma tampoco funcionó... “Llamé al comisario y le tomé la metralleta. Apunté una vez más y alcanzaron a Mussolini cinco balas. Cayó de bruces, contra el muro. Disparé de nuevo. Una bala alcanzó a la Petacci y la mató en el acto. Tres balas más alcanzaron a Mussolini, pero aún respiraba. Me acerqué y le disparé al corazón. Por fin estaba muerto...”
A pesar de estas declaraciones del comunista Walter Audisio, después de 60 años, no se sabe aún cómo fue exactamente la escena con la que acabó la vida de Benito Mussolini. Según el historiador inglés Denis Mack Smith, “el único hecho cierto es que el 28 de abril de 1945, Mussolini, que había cumplido sesenta y un años, fue fusilado a toda prisa por partisanos comunistas, antes de que los americanos, ya a pocas horas de distancia, pudiesen alcanzarlo”.
Aquel mismo día fueron fusilados contra el paredón de la plaza principal de Dongo, frente al lago de Como, quince personajes, entre ellos Alessandro Pavolini, Paolo Zerbino, Incola Bombacci, Luigi Gatti, secretario personal de Mussolini, y varios ministros. Éstos quince cadáveres, además de los de Mussolini y Clara Petacci, el de Marcello Petacci, cuatro cuerpos no identificados y Starace, ex secretario del partido, fueron transportados en un camión a la plaza Loreto de Milán, donde en el techo de una gasolinera fueron colgados por los pies, como piezas de carnicería, y expuestos al público para que se ensañaran con ellos.
Años más tarde, a los cincuenta años de tan bochornoso, vergonzoso e inhumano comportamiento del populacho, salió la filmación de los cuerpos de Mussolini y de Clara Petacci, que realizó el teniente norteamericano Tamber, al día siguiente de la salvajada, en la estación central de Milán, apareciendo completamente deformados después de haber sido pisoteadas sus caras por los energúmenos partisanos y la rabia de la plebe. La RAI se decidió emitir dichas escalofriantes imágenes.
El cadáver del Duce fue desmembrado y enterrado en secreto en el cementerio de Musocco en Milán, de donde sería robado al año siguiente por unos neofascistas, que lo entregaron a los padres franciscanos del convento Angelicum de Pavía. En 1957 le fue confiado a Donna Rachele, que al recibir los despojos del que había sido su marido, exclamó: “El que después de vencer, se venga... ¡Es indigno de la victoria!
A continuación se procedió a enterrarlo en Predappio, su lugar de nacimiento.
El libro “...Y Mussolini creó el fascismo” de Néstor Luján y Luis Bettonica, en la última página se puede leer lo siguiente:
“Sean cuales fueren sus faltas, la muerte de Mussolini nos llena de piedad, y la de Claretta, compañera hasta el final, de admiración. Y aquella plebe de Milán nos llena de horror en su macabra alegría. Sean cuales fueran las faltas humanas, repetimos, fue un asesinato. Y nadie puede merecer en su entierro seres de tan baja calidad como aquellos milaneses del Piazzale Loretto.
BIOGRAFIAS








STALIN:Stalin
(Iosif o Jossif Vissariónovich Dzhugashvili) Dictador soviético (Gori, Georgia, 1879 - Moscú, 1953). Era hijo de un zapatero pobre y alcohólico de la región caucásica de Georgia, sometida a la Rusia de los zares. Quedó huérfano muy temprano y estudió en un seminario eclesiástico, de donde fue expulsado por sus ideas revolucionarias (1899). Entonces se unió a la lucha clandestina de los socialistas rusos contra el régimen zarista. Cuando en 1903 se escindió el Partido Socialdemócrata, siguió a la facción bolchevique que encabezaba Lenin.
Fue un militante activo y perseguido hasta el triunfo de la Revolución bolchevique de 1917, época de la que procede su sobrenombre de Stalin («hombre de acero»). La lealtad a Lenin y la falta de ideas propias le permitieron ascender en la burocracia del partido (rebautizado como Partido Comunista), hasta llegar a secretario general en 1922.
TROTSKI:Lev Davídovich Bronstein, en ucraniano transliterado Bronštein o Bronshtein (Лев Давидович Бронштейн), más conocido como León Trotsky, nació en Yanovka, Ucrania el 7 de noviembre de 1879 (26 de octubre según el calendario juliano prerevolucionario) y murió en Coyoacán, Ciudad de México, el 21 de agosto de 1940.
Político y teórico revolucionario soviético, protagonista de la revolución bolchevique en Rusia en 1917. Negoció la retirada de Rusia de la Primera Guerra Mundial mediante la Paz de Brest-Litovsk. Tuvo a su cargo la creación del Ejército Rojo que consolidaría definitivamente los logros revolucionarios venciendo a 14 ejércitos extranjeros y a los Ejércitos Blancos contrarrevolucionarios durante la Guerra civil rusa.
León Trotsky, fue el quinto hijo de una pareja de pequeños terratenientes judíos de clase media. Estudió matemáticas por un breve período en Nikolayev. Fue en este período en el que comienza su verdadero activismo. Primero, adherido al llamado populismo agrario para después integrarse definitivamente en el marxismo. Es en Nikolayev donde organizó la Liga Obrera del Sur de Rusia, cuyas actividades contra el régimen autocrático zarista harían que fuera detenido, encarcelado y posteriormente desterrado a Siberia.
Finalmente logra evadirse de su encarcelamiento y consigue llegar a Londres donde conoce a Lenin, a Yuli Mártov y a Georgi Plejánov, principales dirigentes del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), que editaban el periódico Iskra ("La Chispa"), con el cual colaboró. Es entonces cuando empezará a utilizar el seudónimo de Trotsky, nombre de uno de sus carceleros de Siberia. Durante esta época, no llega a enmarcarse en ninguna de las dos corrientes dentro del partido: la facciones bolchevique y la menchevique.
En el segundo congreso del POSDR, celebrado en Londres en 1903, Trotsky coincidió en la primera parte con Lenin, pero en las cuestiones centrales que deslindaron los campos entre los marxistas revolucionarios encabezados por Lenin y los reformistas, el Programa y los Estatutos, Trotsky se alineó con los mencheviques, calificando a Lenin como el "jefe del ala reaccionaria del Partido" y desorganizador del POSDR.[1] Sin embargo, no estableció fuertes vínculos con la facción menchevique.
Apartado de los principales dirigentes de la socialdemocracia se apresuró a regresar a Rusia para participar en la revolución de 1905, durante la cual fue uno de los organizadores del primer soviet (consejo revolucionario) en San Petersburgo, y asumió el papel de dirigente principal. Fracasada la revolución, fue encarcelado y deportado de nuevo a Siberia. Durante esta época escribe dos de sus obras: 1905 y Resultados y perspectivas.
En 1912 participó activamente de la llamada Alianza de Agosto, alineándose junto a los mencheviques liquidacionistas, y se opuso férreamente a la organización de un partido firmemente centralizado. Fue lo que él mismo llamó "una alianza de elementos heterogéneos contra el ala proletaria del partido".[2]
BENITO MUSSOLINI:Predappio, Italia, 1883-Mezzegra, id., 1945) Político italiano. Hijo de una familia humilde, su padre era herrero y su madre maestra de escuela. Cursó estudios de magisterio, a cuyo término fue profesor durante períodos nunca demasiado largos, pues combinaba la actividad docente con continuos viajes. Pronto tuvo problemas con las autoridades, y fue expulsado de Suiza y Austria, donde había iniciado contactos con sectores próximos al movimiento irredentista.
En su primera afiliación política, sin embargo, se acercó al Partido Socialista, atraído por su ala más radical. Del socialismo, más que sus postulados sociales y reformadores, le sedujo su vertiente revolucionaria. En 1910 fue nombrado secretario de la federación provincial de Forli y poco después se convirtió en editor del semanario La Lotta di Classe (La lucha de clases).
La victoria del ala radical en el congreso de Reggio nell’Emilia, celebrado en 1912, le proporcionó mayor protagonismo en el seno de la formación política, que aprovechó para hacerse cargo del periódico milanés Avanti, órgano oficial del partido. Aun así, sus opiniones acerca de los enfrentamientos armados de la «semana roja» de 1914 motivaron cierta inquietud entre sus compañeros de filas, atemorizados por su radicalismo. La división entre Mussolini y el partido se acrecentó con la proclama de neutralidad del primero tras la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914. En noviembre del mismo año fundó el periódico Il Popolo d’Italia, de tendencia ultranacionalista, lo que le valió la expulsión del Partido Socialista.
Posteriormente, quiso capitalizar el sentimiento de insatisfacción que se apoderó de la sociedad italiana tras el fin de la contienda haciendo un llamamiento a la lucha contra los partidos de izquierdas, a los que señaló como culpables del descalabro, y para ello creó los fasci di combattimento, grupos armados de agitación que constituyeron el germen inicial del partido fascista. Consiguió ganarse el favor de los grandes propietarios y salir elegido diputado en las elecciones de mayo de 1921.
La impotencia del gobierno para hacer frente a la situación en que se encontraba el país y la disolución del Parlamento allanaron el camino para la denominada marcha sobre Roma, acontecida el 22 de octubre de 1922. Su entrada triunfal en la capital italiana, en la cual no encontró ninguna oposición, pues contó con el beneplácito del ejército y del gobierno, motivó su nombramiento de primer ministro por parte del rey Víctor Manuel III.
Gradualmente, aunque con mayor ímpetu tras el asesinato del diputado socialista Giacomo Matteotti en 1924, se erigió como único poder, aniquiló cualquier forma de oposición y acabó por transformar su gobierno en un régimen dictatorial. Apoyado por un amplio sector de la población y con la baza a su favor de un eficaz sistema propagandístico, realizó fuertes inversiones en infraestructuras y recuperó viejos proyectos expansionistas, como la conquista de Etiopía (1935) y la anexión de Albania (1939).
Tras la llegada al poder de Hitler en Alemania, fue acercándose al nazismo, y tras las primeras victorias alemanas en la Segunda Guerra Mundial, que juzgó definitivas, declaró la guerra a los aliados. Sin embargo, el fracaso del ejército italiano en Grecia, Libia y África oriental, así como el avance de las tropas aliadas, motivaron su encarcelamiento por orden de Víctor Manuel III, quien impulsó un golpe de Estado y decretó el fin del fascismo (julio de 1943).
Liberado por paracaidistas alemanes (12 de septiembre de 1943), creó una república fascista en el norte de Italia (República de Salò) pero el avance aliado le obligó a emprender la huida hacia Suiza. Intentó cruzar la frontera disfrazado de oficial alemán, pero fue descubierto en Dongo por miembros de la Resistencia (27 de abril de 1945), al día siguiente fue fusilado con su compañera Clara Petacci.
HITLER:Máximo dirigente de la Alemania nazi (Braunau, Bohemia, 1889 - Berlín, 1945). Hijo de un aduanero austriaco, su infancia transcurrió en Linz y su juventud en Viena. La formación de Adolf Hitler fue escasa y autodidacta, pues apenas recibió educación. En Viena (1907-13) fracasó en su vocación de pintor, malvivió como vagabundo y vio crecer sus prejuicios racistas ante el espectáculo de una ciudad cosmopolita, cuya vitalidad intelectual y multicultural le era por completo incomprensible.
De esa época data su conversión al nacionalismo germánico y al antisemitismo. En 1913 Adolf Hitler huyó del Imperio Austro-Húngaro para no prestar servicio militar; se refugió en Múnich y se enroló en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial (1914-18). La derrota le hizo pasar a la política, enarbolando un ideario de reacción nacionalista, marcado por el rechazo del nuevo régimen democrático de la República de Weimar, a cuyos políticos acusaba de haber traicionado a Alemania aceptando las humillantes condiciones de paz del Tratado de Versalles (1918).
De vuelta a Múnich, Hitler ingresó en un pequeño partido ultraderechista, del que pronto se convertiría en dirigente principal, rebautizándolo como Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP). Dicho partido se declaraba nacionalista, antisemita, anticomunista, antisocialista, antiliberal, antidemócrata, antipacifista y anticapitalista, aunque este último componente revolucionario de carácter social quedaría pronto en el olvido; este abigarrado conglomerado ideológico, fundamentalmente negativo, se alimentaba de los temores de las clases medias alemanas ante las incertidumbres del mundo moderno. Influenciado por el fascismo de Mussolini, este movimiento, adverso tanto a lo existente como a toda tendencia de progreso, representaba la respuesta reaccionaria a la crisis del Estado liberal que la guerra había acelerado.
Sin embargo, Hitler tardaría en hacer oír su propaganda. En 1923 fracasó en un primer intento de tomar el poder desde Múnich, apoyándose en las milicias armadas de Ludendorff («Putsch de la Cervecería»). Fue detenido, juzgado y encarcelado, aunque tan sólo pasó en la cárcel un año y medio, tiempo que aprovechó para plasmar sus estrafalarias ideas políticas en un libro que tituló Mi lucha y que diseñaba las grandes líneas de su actuación posterior.
De nuevo en libertad desde 1925, Hitler reconstituyó el NSDAP expulsando a los posibles rivales y se rodeó de un grupo de colaboradores fieles como Goering, Himmler y Goebbels. La profunda crisis económica desatada desde 1929 y las dificultades políticas de la República de Weimar le proporcionaron una audiencia creciente entre las legiones de parados y descontentos dispuestos a escuchar su propaganda demagógica, envuelta en una parafernalia de desfiles, banderas, himnos y uniformes.
Combinando hábilmente la lucha política legal con el uso ilegítimo de la violencia en las calles, los nacionalsocialistas o nazis fueron ganando peso electoral hasta que Hitler -que nunca había obtenido mayoría- se hizo confiar el gobierno por el presidente Hindenburg en 1933.
Desde la Cancillería, Hitler destruyó el régimen constitucional y lo sustituyó por una dictadura de partido único basada en su poder personal. El Tercer Reich así creado fue un régimen totalitario basado en un nacionalismo exacerbado y en un complejo de superioridad racial sin fundamento científico alguno (basado en estereotipos que contrastaban con la ridícula figura del propio Hitler).
Tras la muerte de Hindenburg, Hitler se hizo nombrar Führer o «caudillo» de Alemania y se hizo prestar juramento por el ejército. La sangrienta represión contra los disidentes culminó en la purga de las propias filas nazis durante la «Noche de los Cuchillos Largos» (1934) y la instauración de un control policial total de la sociedad, mientras que la persecución contra los judíos, iniciada con las racistas Leyes de Núremberg (1935) y con el pogromo conocido como la «Noche de los Cristales Rotos» (1938) culminó con el exterminio sistemático de los judíos europeos a partir de 1939 (la «Solución Final»).
La política internacional de Hitler fue la clave de su prometida reconstitución de Alemania, basada en desviar la atención de los conflictos internos hacia una acción exterior agresiva. Se alineó con la dictadura fascista italiana, con la que intervino en auxilio de Franco en la Guerra Civil española (1936-39), ensayo general para la posterior contienda mundial; y completó sus alianzas con la incorporación del Japón en una alianza antisoviética (Pacto Antikomintern, 1936) hasta formar el Eje Berlín-Roma-Tokyo (1937).
Militarista convencido, Hitler empezó por rearmar al país para hacer respetar sus demandas por la fuerza (restauración del servicio militar obligatorio en 1935, remilitarización de Renania en 1936); con ello reactivó la industria alemana, redujo el paro y prácticamente superó la depresión económica que le había llevado al poder.
Luego, apoyándose en el ideal pangermanista, reclamó la unión de todos los territorios de habla alemana: primero se retiró de la Sociedad de Naciones, rechazando sus métodos de arbitraje pacífico (1933); luego forzó el asesinato de Dollfuss (1934) y el Anschluss o anexión de Austria (1938); a continuación invadió la región checa de los Sudetes y, tras engañar a la diplomacia occidental prometiendo no tener más ambiciones (Conferencia de Múnich, 1938), ocupó el resto de Checoslovaquia, la dividió en dos y la sometió a un protectorado; aún se permitió arrebatar a Lituania el territorio de Memel (1939).
Pero, cuando el conflicto en torno a la ciudad libre de Danzig le llevó a invadir Polonia, Francia y Gran Bretaña reaccionaron y estalló la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Hitler había preparado sus fuerzas para esta gran confrontación, que según él habría de permitir la expansión de Alemania hasta lograr la hegemonía mundial (Protocolo Hossbach, 1937); en previsión del estallido bélico había reforzado su alianza con Italia (Pacto de Acero, 1939) y, sobre todo, había concluido un Pacto de no-agresión con la Unión Soviética (1939), acordando con Stalin el reparto de Polonia.
El moderno ejército que había preparado obtuvo brillantes victorias en todos los frentes durante los primeros años de la guerra, haciendo a Hitler dueño de casi toda Europa mediante una «guerra relámpago»: ocupó Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Yugoslavia, Grecia. (mientras que Italia, España, Hungría, Rumania, Bulgaria y Finlandia eran sus aliadas, y países como Suecia y Suiza declaraban una neutralidad benévola).
Sólo Gran Bretaña resistió el intento de invasión (batalla aérea de Inglaterra, 1940-41); pero la suerte de Hitler empezó a cambiar cuando lanzó la invasión de Rusia, respondiendo tanto al ideal anticomunista básico del nazismo como al proyecto de arrebatar a la «inferior» raza eslava del este el «espacio vital» que soñaba para engrandecer a Alemania (1941). A partir de la batalla de Stalingrado (1943), el curso de la guerra se invirtió y las fuerzas soviéticas comenzaron una contraofensiva que no se detendría hasta tomar Berlín en 1945; simultáneamente se reabrió el frente occidental con el aporte masivo en hombres y armas procedente de Estados Unidos (involucrados en la guerra desde 1941), que permitió el desembarco de Normandía (1944).
Derrotado y fracasados todos sus proyectos, Hitler vio cómo empezaban a abandonarle sus colaboradores y la propia Alemania era arrasada por los ejércitos aliados; en su limitada visión del mundo no había sitio para el compromiso o la rendición, de manera que arrastró a su país hasta la catástrofe y finalmente se suicidó en el búnker de la Cancillería de Berlín donde se había refugiado, después de haber sacudido al mundo con su sueño de hegemonía mundial de la «raza» alemana, que provocó una guerra total a escala planetaria y un genocidio sin precedentes en los campos de concentración.
Más información en la monografía sobre Adolf Hitler.
GOEBBELS:Paul Joseph Goebbels (29 de octubre de 1897 – 1 de mayo de 1945†), político alemán, fue el ministro de propaganda de la Alemania Nazi, figura clave en el régimen y amigo íntimo de Adolf Hitler.[1]
Uno de los principales oradores del Tercer Reich, fue él quien pronunció el famoso discurso de la guerra total en el Palacio de los Deportes.[2] Tuvo un gran talento para persuadir a las masas. Tras la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial se suicidó junto a su esposa, después de que ésta hubiera matado a sus seis hijos.[3]
Joseph Goebbels nació el 29 de octubre de 1897, en Rheydt en el seno de una familia católica. Su padre era el contable Friedrich Goebbels y su madre, Maria Oldenhausen.[4] A los 4 años de edad sufrió una osteomielitis, que le atrofió la pantorrilla derecha y le dejó levemente cojo. Debido a esto y a su corta estatura, sus contrarios le pusieron después el apodo de "ungebleichter Schrumpfgermane" ('germano achicado sin blanquear'). Tuvo que usar zapatos ortopédicos en su pie derecho para compensar lo corto que era su pierna derecha en comparación a la izquierda. Pese a su minusvalía destacó por sus notas en el colegio y fue el mejor de su promoción al aprobar el bachillerato en 1917. Estudió en ocho universidades favorecido por algunas becas: Bonn, Friburgo, Würzburgo, Colonia, Francfort, Múnich, Berlín y Heidelberg, graduándose en esta última en 1921.[5] Estudió Filosofía, Literatura, Historia, Arte y Lenguas Clásicas. En 1921, obtuvo el Doctorado en la Universidad de Heidelberg con una tesis doctoral sobre Wilhelm von Schütz, siendo su director de tesis un profesor judío: Freiherr von Waldberg.
Goebbels se presentó como voluntario al ejército alemán en la Primera Guerra Mundial, pero fue rechazado por ser cojo. Cuando fue universitario, sintió afinidad por algunas ideas de izquierda; tuvo profesores judíos a los cuales estimaba e inclusive mantuvo una relación romántica con una joven de padres judíos.[6] Pese a su poco atractivo físico, Goebbels fue siempre un conquistador de mujeres; en su diario se encontró un registro de más de 30 amantes desde que lo escribió.[7]
Goebbels, debido a su rol protagonístico para el partido nazi y a su lealtad a Hitler, se hizo uno de sus más fiables amigos.[8]
Se casó en 1930 con Magda Quandt, una divorciada de la clase alta de Berlín. En los años posteriores tuvieron seis hijos en el siguiente orden:
Helga Susanne
Hildegard "Hilde" Traudel
Helmut Christian
Holdine "Holde" Kathrin
Hedwig "Hedda" Johanna
Heidrun "Heide" Elisabeth
Sus nombres comenzaban con la letra "H" para conmemorar el apellido del Führer. Goebbels pareció haberse obsesionado al principio por Magda, inclusive escribió en su diario: "Voy a dejar las mujeres y dedicarme enteramente a sólo una".[9] Su familia fue filmada, fotografiada y promocionada durante el régimen como la familia ideal aria. Fueron todos admiradores de Hitler, los niños inclusive lo llamaban tío. Sin embargo, este concepto estuvo a punto de cambiar cuando Magda solicitó a Hitler el divorcio debido a un romance que tuvo su marido con una actríz checa llamada Lída Baroova, con quien tenía planeado ir a vivir al Japón, siendo Goebbels el embajador de Alemania en ese país, para lo cual dejaría su papel de ministro a otro. Hitler le ordenó no hacerlo y Goebbels, fiel a su palabra, se quedó a vivir en Alemania con Magda.[10] [11]
Goebbels era siempre atento con sus hijos, en los videos de propaganda se les observa diciendo que su papá le gusta jugar con ellos, y que es su mejor amigo. Sin embargo, él sentía cierta preferencia hacia su único hijo varón, de quien quería que de grande fuera un "orgulloso luchador".[12]
Trayectoria en el partido nazi [editar]
Ascenso al ministerio [editar]Goebbels se unió al Partido Nazi en 1922.[13] Pero fue recién en 1926 que lo nombraron Gauleiter de Berlín por sus dotes de orador.[14] Se trasladó a Berlín ese mismo año por órdenes de Hitler para reorganizar su partido que para ese entonces sólo era de "nivel regional".[15] Fue nombrado por Hitler jefe de propaganda del NSDAP en 1930 y cuando el führer asumió el gobierno en 1933, fue declarado ministro de propaganda e ilustración popular.[16] Mediante la propaganda, Goebbels divinizó a Hitler, promovió el odio a lo extranjero, al comunismo y al judaísmo.[17]
Métodos y técnicas [editar]Cuando Goebbels era el encargado de la propaganda Nazi antes de que su partido estuviera en el gobierno alemán, organizó manifestaciones y quema de libros, inclusive fue supuestamente uno de los presuntos principales autores del incendio del Reichstag.[18]
Su función consistía en controlar todos los medios, la radio, televisión, cine, literatura, etc. Asímismo debía impedir que saliera a luz la información del exterior (muchas veces esto significaba ocultar la verdad). Era también el encargado de promocionar o hacer públicos los avisos del gobierno.[19]
Usó mucho lo que hoy en día se conoce como el marketing social, ensalzando muchos sentimientos de orgullo, promoviendo odios y en numerosas ocasiones mintiendo y convenciendo de cosas muy alejadas de la realidad.
Ante la necesidad de un fuerte respaldo económico, Goebbles inauguró la ayuda de invierno de 1941, en la que se promovía la colaboración del pueblo y el descuento obligatorio del 10% de los sueldos.
La ayuda de invierno fue un éxito y recaudó mucho. En esa temporada, los chicos de las Juventudes Hitlerianas salían con huchas en la mano a recaudar donaciones. Otra de las singularidades de este evento se observaba en algunos voluntarios, como dibujantes rápidos que hacían retratos por 2 marcos o más.[20]
También tuvo otras técnicas y métodos, como el de hacer esperar al público alemán por las noticias en tiempos de victoria para crear un fuerte suspenso y lograr que, cuando recibieran las buenas nuevas, la alegría fuera más duradera.[21]
A Goebbels se le atribuye mucha parte de la propaganda moderna, entre ellos sus 11 principios:[cita requerida]
Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".
Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».
Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.
Segunda Guerra Mundial [editar]A comienzos del conflicto bélico Goebbels prohibió terminantemente cualquier tipo de información proveniente desde el exterior de Alemania. Promovió la fe en el pueblo alemán para que se creyera firmemente en la victoria final. Este trabajo fue más difícil de 1943 a 1945, cuando empezaban a apreciarse signos inequívocos de que se estaba perdiendo la guerra. Tuvo un papel determinante en que fallara el atentado contra Hitler el 20 de julio de 1944, aprovechando la indecisión del comandante Otto Ernst Remer, y difundió rápidamente por radio que el golpe de estado había fracasado, lo que demostraba que Hitler y el Tercer Reich eran invencibles.[22]
Los bombardeos aéreos de los aliados destruyeron numerosas ciudades del país y Goebbels procuró que la indignación causada no se dirigiera contra el gobierno propio, sino contra los atacantes.
Cuando las noticias de los frentes no podían ocultar las derrotas militares con eufemismos, Goebbels apeló a la solidaridad, la confianza y la voluntad de vencer. Esta campaña propagandística culminó en la famosa reunión del 18 de febrero de 1943, en la que el representante del régimen nazi proclamó la Guerra Total (Der Totale Krieg) en el Palacio de Deportes de Berlín.[23]
Durante la caída de Alemania, Goebbels siguió haciendo creer al pueblo que la victoria llegaría finalmente.
Suicidio [editar]El 22 de abril de 1945, ante la inminente derrota total, Magda y sus 6 hijos fueron al Führerbunker, donde se hallaba Goebbels. Esos serían sus últimos días de vida.
En el búnker, habían improvisado un cuarto con 6 camas para los niños. Ellos pasaban la mayor parte del tiempo jugando con Eva Braun, Traudl Junge y algunos perros, como Blondi, el perro de Hitler.[24] Hitler ofreció un avión a la familia Goebbels para que escapara, pero Magda y su esposo se negaron a abandonar Berlín. El 30 de abril Magda rogó a Hitler que no se quitase la vida, pero sus intentos fueron en vano. Finalmente decidió envenenar a sus hijos y suicidarse.
El 1 de mayo, a los ocho días de permanencia en el búnker, Magda dejó inconscientes a sus niños con somníferos y luego los envenenó. Algunas versiones indican que los niños murieron porque les dieron veneno encubierto en chocolates, otras que fue una inyección que hicieron pasar por vacuna.
Ese mismo día, después de que Magda hubiera matado a sus hijos, ella y su marido decidieron perecer junto al régimen. Mucho se ha especulado respecto a cómo se quitaron la vida. Algunos sostienen que el Ministro se disparó mientras su esposa ingería veneno. Otros, que se disparon mutuamente. El criterio más difundido es que Goebbels dispuso al oficial de las SS Schwägermann que les diera un tiro a cada uno en la nuca. Lo cierto es que el gendarme recibió la orden de quemar los cuerpos para evitar que éstos fueran objeto de humillaciones o exhibiciones públicas.
HOOVER:(Herbert Clark Hoover; West Branch, Iowa, 1874 - Nueva York, 1964) 31.er presidente de los Estados Unidos de América. Este cuáquero conservador, educado en la Universidad de Stanford, trabajó como ingeniero de minas en Australia y China. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-18) el presidente Wilson le encargó la organización del transporte de abastecimientos a los frentes de Europa.
Caracterizado como un liberal convencido de las virtudes del capitalismo individualista y competitivo, los republicanos le mantuvieron como secretario de Comercio durante las presidencias de Harding y Coolidge (1921-28); e incluso le promovieron a la presidencia en las elecciones de 1928, que ganó en medio de un clima de euforia económica que él mismo contribuyó a alimentar con su propaganda optimista.
No previó en absoluto la crisis bursátil de 1929, luego transformada en una depresión económica profunda y duradera, que pondría fin al tipo de capitalismo liberal que él conocía y defendía. Incapaz de hacer frente a la crisis, incluso agravó sus efectos al intentar combatirla con medidas contraproducentes, como la reducción del gasto público. Aquella crisis marcó todo su mandato (1929-33), impidiéndole cumplir las grandilocuentes promesas de prosperidad en las que había basado su campaña.
En política exterior fue aislacionista, procurando que los Estados Unidos se desentendieran de las tensiones de Europa y Asia, manteniendo el intervencionismo en Iberoamérica en defensa de sus intereses económicos. El descontento creado por la situación económica le hizo perder las elecciones de 1932 en beneficio del demócrata Franklin D. Roosevelt, quien corregiría a partir de 1933 el rumbo dado por Hoover tanto a la política exterior como a la política económica. Participó activamente en la oposición conservadora contra Roosevelt, defendiendo el aislacionismo incluso después de la Segunda Guerra Mundial (1939-45).
Más tarde, aproximadamente a las 23:00 , el contenido del búnker fue evacuado, lo que no permitió que los cadáveres del matrimonio Goebbels terminaran de incinerarse y se hicieron fácilmente reconocibles, para los oficiales soviéticos.
F.D. ROOSELVET:Franklin Delano Roosevelt nació el 30 de enero de 1882, en Hyde Park, Nueva York. Su padre, James Roosevelt (1828–1900), era un adinerado terrateniente y vicepresidente del ferrocarril de Delaware y Hudson. La familia de Roosevelt (véase árbol de familia de Roosevelt) había vivido en Nueva York durante más de doscientos años: Claes van Rosenvelt, originalmente de Haarlem en Países Bajos, llegó a Nueva York (entonces llamada Nieuw Amsterdam) hacia 1650. En 1788, Isaac Roosevelt era miembro de la convención del estado de Poughkeepsie nuevo que votó para ratificar la constitución de Estados Unidos, una cuestión que llenaba de orgullo a su descendiente Franklin.
En el siglo XVIII la familia Roosevelt se dividió en dos ramas, los "Roosevelts de Hyde Park", quienes a finales del siglo XIX eran el "Partido Demócrata de los Estados Unidos" o "Demócratas", y el "Oyster Bay, New York" o "Oyster Bay". El presidente Theodore Roosevelt, un republicano del Oyster Bay, era el quinto primo de Franklin. A pesar de sus diferencias políticas, las dos ramas siguieron llevándose bien. James Roosevelt conoció a su esposa en una reunión de la familia Roosevelt en Oyster Bay, y Franklin se casó con la sobrina de Theodore.
La madre de Roosevelt, Sara Ann Delano (1854–1941) era descendiente de Phillippe de la Noye, hijo de protestantes franceses hugonotes radicados en Leiden quien emigró en 1621 a Massachusetts. Ella era hija de Warren Delano cónsul de Estados Unidos en China, razón por la que pasó su niñez en dicho país, en su viaje de regreso a Estados Unidos los Délano vivieron un tiempo en Valparaíso en casa de sus parientes de Chile. Su madre pertenecía a los Lyman, otra familia de gran tradición en los Estados Unidos. Franklin fue su único hijo, y se convirtió en una madre extremadamente posesiva. Puesto que James era un padre ausente y muy mayor (tenía 54 años cuando nació Franklin), Sara fue la influencia dominante en los primeros años de Franklin. El mismo, mucho más tarde, indicó a sus amigos que durante toda su vida tuvo miedo de ella.
Roosevelt creció en una atmósfera privilegiada. Aprendió a montar a caballo, tiro, lucha y a jugar al polo y a tenis. Sus frecuentes viajes a Europa permitieron que pudiera hablar alemán y francés. No obstante, el hecho de que su padre fuera demócrata, le apartó de la mayoría de los miembros de la aristocracia de Hudson Valley. Los Roosevelt creían en el servicio público, y eran lo suficientemente ricos para emplear su tiempo y dinero en tareas filantrópicas.
Roosevelt acudió al Groton School, una residencia de estudiantes de la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos de América cercana a Boston. Estaba profundamente influido por su director, Endicott Peabody que predicaba el deber cristiano de ayudar a los menos afortunados y fomentaba que sus alumnos ingresaran en el servicio público. Roosevelt se graduó en Groton en 1900, y posteriormente ingresó en la Universidad Harvard, donde estudió moda doméstica y se graduó en artes en 1904 sin muchos esfuerzos para estudiar. Mientras estaba en Harvard, Theodore Roosevelt se convirtió en Presidente, y su vigoroso estilo de gobierno y su celo reformista se convirtieron en el modelo de Franklin. En 1903, conoció a su futura mujer Eleanor Roosevelt, sobrina de Theodore, en una recepción en la Casa Blanca (previamente se habían conocido como niños, pero éste fue su primer encuentro serio).
Posteriormente, Roosevelt acudió a la Facultad de Derecho de la Universidad.
Columbia. Pasó el bar exam y satisfizo los requisitos para graduarse en Derecho en 1907, pero finalmente no lo hizo. En 1908 comenzó a trabajar con Ledyard y Milburn, prestigiosa firma de Wall Street, donde ejerció fundamentalmente el derecho de sociedades.
John Maynard Keynes:Economista inglés (Cambridge, 1883 - Firle, Sussex, 1946). Recibió una educación de elite en Eton y Cambridge, orientándose hacia la economía por consejo de su maestro, Alfred Marshall. Tras un breve periodo trabajando en el servicio administrativo británico para la India, en 1909 entró como profesor en el King’s College de Cambridge, donde enseñaría economía hasta su muerte. Fue un hombre de vasta cultura, un humanista erudito y de prosa exquisita, gran orador, contertulio y mecenas de intelectuales y artistas; pero también fue un hombre de mundo interesado por los asuntos políticos y por la economía práctica, dedicando parte de su tiempo a negocios ajenos y propios con los que llegaría a hacerse millonario.Todos sus escritos económicos fueron respuesta a problemas acuciantes de la economía de su tiempo. Así, como fruto de su trabajo en la Administración colonial, escribió La moneda india y las finanzas (1913). Las consecuencias económicas de la paz (1919) fue resultado de su participación como representante del Tesoro en la delegación británica enviada a negociar el Tratado de Versalles después de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial (1914-18); Keynes dimitió de aquel cargo para mostrar su desacuerdo con las duras condiciones impuestas a los vencidos y escribió este libro para argumentar que tales condiciones, fruto de un espíritu de venganza, serían imposibles de cumplir y conducirían a la ruina económica de Alemania, con graves consecuencias para el resto del mundo.
Desgraciadamente, el tiempo demostró que sus previsiones eran acertadas, y Keynes volvió sobre el tema en Una revisión del tratado (1922). Las cuestiones monetarias siguieron atrayendo su atención en el Tratado sobre la reforma monetaria (1923) y el Tratado sobre el dinero (1930), en donde criticó respectivamente la adhesión al patrón oro y la teoría cuantitativa de la moneda.
miércoles, 11 de marzo de 2009
Las Vanguardias
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